lunes, 29 de mayo de 2017

Resumen "Limones negros", una sesión polémica e intensa

Debatimos hoy en nuestro club de lectura la novela de Javier Valenzuela, Limones negros (Anantes, 2017), segunda incursión del autor en el género narrativo tras la publicación de Tangerina (Martínez Roca, 2015). Como es habitual, Olga Cuadrado trazó una primera semblanza del escritor, con quien ha compartido buenos momentos, antes de presentar al periodista y especialista en temas de Oriente Medio, Tomás Alcoverro, que desde el conocimiento que le brinda su amistad con Valenzuela, bosquejó su perfil biográfico y literario.

Sobre “una ciudad podrida de literatura”

Amigo personal de Valenzuela durante años, Alcoverro compartió con él estancia y profesión en Beirut, donde trabajó como corresponsal de guerra, y en Washington. Destacó del periodista su vocación literaria, el deseo de convertirse en escritor. Ya los primeros libros de Valenzuela, en los campos del periodismo y del ensayo, denotaban un evidente valor literario, manifestación de la voluntad de estilo que podía apreciarse en sus escritos. Para centrar algunos aspectos de la obra de Valenzuela, destacó una de las diferencias evidentes entre la escritura del periodista y del novelista. Como es sabido, si bien ambos parten de la lengua escrita como materia prima, el primero se ve sometido normalmente a la urgencia e inmediatez motivadas por la celeridad del medio en que se desenvuelve su trabajo, mientras que la labor del escritor de novelas responde a una actividad más pausada, presidida por una administración del tiempo de escritura acorde con distintos objetivos creativos y sobre todo estéticos. Destacó así mismo Alcoverro una concepción de periodismo, propia del periodismo europeo y presente también en la obra de Valenzuela, que se fundamenta en el trabajo directo con las personas y acontecimientos.

De los once libros publicados por Javier Valenzuela, solo los dos últimos, Tangerina y Limones negros, son novelas. Ambos se centran en Tánger, que al igual que Beirut, es una “ciudad podrida de literatura”, en palabras de Alcoverro. En este sentido, la evocación de una ciudad que alcanzaría su mayor brillantez en la época internacional, estará presente en la obra del novelista, que cultivó amistad con escritores tales como Mohammed Chukri, Tahar Ben Jelloun o Juan Goytisolo, entre otros. En este sentido, si en Tangerina se nos muestra el Tánger de la nostalgia, Limones negros nos relata un Tánger contemporáneo bien diferente del anterior, fácilmente reconocible por el lector, donde va adquiriendo un importante papel modernizador el desarrollo industrial y empresarial junto con la actividad financiera y empresarial española, de la que es reflejo la novela. Una actividad que configura el universo de ficción en que se desarrolla la narrativa, inspirada en la ola de corrupción que afecta a las principales instituciones de nuestro país, extremo que el lector reconoce de inmediato.

En torno a los limones negros

Durante la puesta en común que siguió a la intervención de Alcoverro, se destacó la amenidad de la escritura de Valenzuela, el eficiente uso del estilo periodístico, en función de una trama entretenida y muy actual, distribuida en capítulos cortos así como la fácil lectura de la obra. Para los lectores que conocen Tánger, las descripciones de lugares y ambientes suponen un modo de rememorar el atractivo de la ciudad, y para quienes aún no la visitaron, una introducción muy adecuada.

Llamó la atención el título de la novela, Limones negros, y su relación con el contenido. Se explicó que el limón negro es un condimento utilizado en platos de países de Oriente Medio, tras un proceso de elaboración a partir del fruto, si bien, en referencia al sueño que el personaje protagonista tiene al final de la novela, y la pertenencia del relato al género negro, el adjetivo adquiere unas connotaciones bastante precisas. En este aspecto, la publicación abre y cierra con sendas referencias a Raymond Chandler. Este dato, junto con el título, Limones negros, y la ilustración de la portada, con predominio de los tonos negros y grises, suponen una declaración respecto al género novelístico.

En todos estos aspectos existió unanimidad. En otros, sin embargo, las opiniones expresaron puntos de vista diversos. Así, aunque ciertos elementos que constituyen la trama responden a lo que actualmente se considera el canon del género negro, entramados de corrupción, escándalos financieros que exceden las fronteras del país, es precisamente el tratamiento que el autor da a estos contenidos lo que trae como consecuencia que la novela adquiera tonos de crónica periodística, aún más se diría concebida a partir de una sucesión de titulares. Y es esa particularidad, la emergente presencia de lo periodístico, lo que, a juicio de un número de lectores, resta a la obra calidad.

Por otro lado, también se criticó el exceso de referencias literarias, que responde a un extenso nomenclátor de escritores relacionados con Tánger a lo largo del siglo pasado, y que aparecen yuxtapuestas a la trama sin que nada aporten al desarrollo de la intriga. Parece responder sin más a la intención, según algunos lectores no conseguida, de imbricar rasgos del Tánger internacional con el actual.
Lo mismo podría aplicarse a otras alusiones a atmósferas sofisticadas, sean del mundo de la moda o a determinados ambientes y tipos sociales, como el desfile de modelos o el club de golf, entre otros. Son todos ellos elementos apenas trabados y ajenos al discurrir de la intriga, y que se perciben nítidamente como añadidos.

También fueron comentados los personajes. En este aspecto tampoco hubo consenso en cuanto a su consideración, pues mientras que para algunos lectores resultan adecuados, para otros su construcción presenta elementos cuando menos discutibles. Respecto al protagonista, Sepúlveda, se planteó hasta qué punto el autor no había volcado en él, de un modo excesivamente transparente y directo, aspectos de su cosmovisión y amplio conocimiento de la ciudad y sociedad tangerina. Incluso se llegó a cuestionar si el hecho de escribir sobre Tánger no condicionaba la calidad del conjunto de la obra. Tampoco resultó comprensible, en coherencia con la personalidad que el lector construye del personaje, la decisión radical que el protagonista toma en el desenlace de la novela. La sensibilidad y psicología femeninas se expresa con bastante acierto en relación a los dos personajes femeninos principales. Ahora bien, el proceso de transformación de Adriana, desde su estatus de femme fatal, que maneja con absoluta frialdad los hilos de la historia según sus intereses, hasta convertirse en víctima, tampoco parece conseguido. El personaje de Lola Martín, por otra parte, no cumple las expectativas que manifiesta desde un principio. 

En conclusión, se destacaron elementos positivos como la facilidad de lectura, la actualidad de la trama, la extensión y características de los capítulos o la visión del Tánger actual, entre algunos otros. Pero, junto con la construcción de los personajes principales, fueron criticados aspectos referentes al ensamblaje de componentes estructurales, como el modo de plasmar los sucesos relacionados con los casos de corrupción en España, más propio de una crónica periodística que de una novela, las repetidas alusiones a los artistas y escritores relacionados con Tánger o el retrato de determinados ambientes y tipos.

Y como desenlace…

El pan que hemos compartido en esta ocasión, como siempre fruto de la creatividad de Fidel Pernía, ha estado inspirado en los elementos del mundo real que contextualizan la novela. Nos ha contado cómo una amiga suya marroquí le preparó una infusión para la garganta un día en que se encontraba acatarrado y le era imposible tragar a causa de una inflamación de ganglios. La infusión, de efectos suavizantes, estaba confeccionada con raspadura y zumo de limón, canela en rama recién molida y miel pura. Con estos ingredientes, Fidel nos explica que  ha elaborado el pan, en sentido figurado e irónico, pensando en que también los españoles, ante los constantes casos de corrupción que afectan a las instituciones y deterioran nuestra convivencia, necesitamos algún ingrediente para justificar, suavizándolo, nuestro alto nivel de tolerancia al no rebelarnos ante la impunidad en que viven los responsables y, en general, ante la ausencia de sentido ético.

Federico Ruiz Rubio, miembro de Tres con libros.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una vez más felicidades Federico! Has plasmado todos los comentarios de la sesión
M Carmen

Anónimo dijo...

Estupendo el resumen. Fiel a lo que se dijo y muy bien redactado y ensamblado. Yo estoy leyendo ahora el libro y puedo decir que haciendo salvedad de las excesivas reiteraciones políticas-económicas-literarias, me gusta el lenguaje periodístico para este tipo de novela que se me está haciendo bastante entretenida. Creo que igual que el protagonista, muy ensamblado en la temática de la novela, la forma que esta tiene, va perfecta con el autor que estoy segura que se crecerá a medida que siga escribiendo.Gracias Federico por tu trabajo.

Palmira